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Las Velas que Ocultan una Verdad: El Origen Criptojudío de la Navidad Paisa

Por: Germain Bautista

 

¿Alguna vez te has preguntado por qué en Antioquia, y en los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, encendemos velas cada 7 de diciembre al caer el sol? Lo que hoy conocemos popularmente como la “Fiesta de las Velitas” podría ser mucho más que una tradición católica; podría ser el eco de una resistencia espiritual que ha sobrevivido por siglos en nuestra sangre y costumbres.

La Anatomía de un Milagro Escondido

Si analizamos nuestra historia con el rigor de quien busca la verdad, encontramos coincidencias que son imposibles de ignorar. Para entenderlo, debemos retroceder más de 40 años en la memoria de nuestras tierras y observar los detalles que han estado frente a nuestros ojos:

  • El Tiempo de la Luz: La Iglesia celebra la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, pero la tradición manda a encender las velas el 7 al caer el sol. En el calendario hebreo, los días comienzan con el ocaso. Esta es la forma exacta en que se inicia el mandamiento a Israel.
  • La Ubicación de la Llama: Las velas se colocaban tradicionalmente en el frente de las casas, nunca en el interior. Este acto de “publicar el milagro” es un requisito fundamental de la fiesta de Janucá.
  • El Atuendo de la Identidad: Observen a Juan Valdez, el emblema de nuestro café. Su atuendo típico —el poncho o la ruana— guarda una similitud estructural asombrosa con el Talit judío. Antioquia tiene registros claros de un fuerte origen judío que se fundió con la montaña.

La Estrategia de la Supervivencia

¿Por qué llamarla “Inmaculada Concepción” si el trasfondo era otro? La respuesta es tan dolorosa como estratégica: la Inquisición en Cartagena. Con su sede en el Caribe colombiano, la persecución obligó a los criptojudíos a esconderse tras las ordenanzas de Roma para evitar la muerte.

Sin embargo, hay una conexión espiritual más profunda: según las Escrituras, Yeshua fue anunciado a Miriam durante Janucá. La “Luz del Mundo” fue concebida en la Fiesta de las Luces. No es una coincidencia; es un diseño perfecto donde el milagro de Janucá y el anuncio de la redención se encuentran.

Elementos que Hablan por Sí Solos

Incluso en lo cotidiano, la herencia judía se mantuvo viva bajo otros nombres:

  1. El Juego: Lo que en el judaísmo es el Dreidel, en nuestras tierras se transformó en la perinola o pirinola. Un juego de azar que servía para mantener viva la tradición de manera lúdica y discreta.
  2. La Gastronomía: Los buñuelos, esos fritos que no faltan en nuestras mesas, son de origen judío innegable (similares a las Sufganiyot), al igual que la torta de pan.

Un Llamado a la Reflexión

Incluso el nombre de nuestra región, Antioquia, resuena con la historia bíblica, siendo el lugar donde los seguidores de Yeshua fueron llamados “cristianos” por primera vez. ¿Coincidencia? En la espiritualidad libre y en la búsqueda del Tikkún (aprendizaje/reparación), sabemos que las coincidencias no existen.

Hoy, la fiesta se ha extendido a todo el país y muchos la llaman simplemente “Día de las Velitas”, despojándola de su contexto original. Pero al encender esa luz, estamos participando en una guerra espiritual y en un acto de memoria histórica que trasciende dogmas.

Hemos vivido muchas cosas sin entender su significado. Es hora de volver a ver nuestra historia con amor, de desprogramarnos de los relatos impuestos y de entender que la luz que encendemos frente a nuestra casa en diciembre es, en esencia, la celebración de un milagro que se niega a ser olvidado.

Piensen, amigos, piensen. Nuestra identidad está escrita en fuego y cera.

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